
Se me quemó el sobre a los pocos minutos.
Al rato la planta resbaló de mis manos.
Quise recoger la tierra, recomponer lo dañado, pero su tallo y sus flores acabaron bajo mis pies.
Un desastre completo, sonreí avieso, iniciado al mirar por la ventana, con la planta aún entera, y descubrir que no hay escarmiento que me enmiende, por desagradable que sea.
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