Mostrando entradas con la etiqueta Alessandro Baricco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alessandro Baricco. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de abril de 2011

Sin sangre


Novela brevísima, Sin sangre recoge dos episodios separados temporalmente entre sí cincuenta años. En el primero somos testigos de una venganza. En un país del que no se nos dice el nombre, pero al que podríamos llamar perfectamente Bosnia o España, o cualquier otro que haya sufrido las consecuencias de una guerra civil, un hombre y su hijo son asesinados por otros tres. Al hombre, que se llama Manuel Roca, lo acusan de haber participado en el exterminio de unos pocos inocentes. La guerra ha terminado ya, sin embargo. Pero sus secuelas van a perdurar durante mucho tiempo. Cincuenta años no son tantos si el recuerdo persiste, si aquello que nos marcó en la infancia penetró lo bastante como para haber anidado en el subconsciente. Nina es la hija de Manuel Roca. Nina, cuando los enemigos de su padre acuden al lugar donde se encuentran ocultos, es obligada a esconderse en un hueco practicado en el suelo de la cabaña. Desde allí asistirá al acoso y derribo. Las ráfagas de metralleta destrozan cristales, muros. La muerte arrasa inclemente a quienes tienen y no tienen culpa. Entre los asesinos está Tito. Tito tiene veinte años. Tito, tras rebuscar en todos los rincones, descubre a Nina. Pero no dice nada. Nina, acurrucada en su escondrijo, siente que mientras permanezca así, quieta, acopladas las piernas, sus rodillas en equilibrio, el infierno que la rodea no podrá dañarla. Pero Gurre, que es otro de los vengadores, prende fuego a la granja. En pocas páginas, un pandemónium.
En el segundo episodio prevalece la serenidad. Los personajes quedan reducidos a dos. Se trata de un reencuentro; del final de una búsqueda incansable y de un ajuste de cuentas con el pasado, pero sin sangre. De cómo una mala experiencia exige, para ser combatida, reproducir las sensaciones que la hicieron posible. No se trata tanto de saciar una sed, se trata de comprender qué ocurrió, por qué el perdón y la suerte de haber sobrevivido a una espiral de disparos, de fuego y de silencio. Prosa exacta. Prosa limada al máximo para que la historia resulte verosímil. De cómo en cien páginas pueden darse la mano la mayor tragedia y el perdón en una historia que abarca medio siglo. La elipsis tan prolongada no implica, sin embargo, que al lector se le nieguen datos que, no por breves y puntuales, carezcan de la información necesaria para que la vida de esos seres marcados por la culpa la conozca exacta. Una lectura que trata sobre el dolor y el deseo de conocer, sobre la necesidad que tenemos de explicarnos y de que nos expliquen.

miércoles, 26 de enero de 2011

Seda


De Seda, Alessandro Baricco, su autor, dice que no es una novela ni un cuento, sino una historia. No sé a ciencia cierta qué quiso decir con estas palabras. Sí me pregunto qué no hubiera hecho con un material como éste un novelista como el presente Nobel de literatura, Vargas Llosa; seguro que un novelón descomunal y exuberante, en la línea de El paraíso en la otra esquina, en el que los personajes habrían quedado retratados en todo su esplendor y sus acciones llevadas al extremo no solo de la sugerencia, sobre todo al de la apreciación mínima, que enriquece y ennoblece lo que se cuenta. No es el caso, repito, de este relato, o narración, o como quiera llamársele. Seda es, sí, una historia, la de un hombre, Hervé Joncour, que en el año 1861, el mismo en que Flaubert escribía Salammbô, emprende un viaje que lo llevará al otro extremo del mundo desde su pueblo natal, en Francia, en busca de lo que desde hace años es fuente de riqueza para buena parte de sus paisanos: huevos de gusanos de seda con los que más tarde fabricarán sus telas. El lugar al que acude es Japón. Allí, a cambio de oro, consigue de manos de una suerte de reyezuelo local, el preciado tesoro que, con cuidado extremo, conducirá a lo largo de tres meses por tierras de China, Oriente Medio y Europa al fin; tiempo bastante antes de que empiecen a salir las larvas que luego elaborarán lo capullos. Los capítulos son breves, apuntes con los que, de un modo muy conciso, se nos da noticia de cuanto acontece a este personaje. Puede parecer que libro tan breve no pueda contener una historia tan vigorosa como la presente, y sí, la contiene. El secreto, pienso, se halla en qué acontecimientos ha sabido escoger el narrador y en su trabazón; pero ante todo en el ritmo que ha sabido conferir a esta prosa escueta, pero no simple. Una muestra de ello son los diálogos, pocos, pero sustanciales, en los que, sin apenas palabras, llegamos a hacernos una idea fiel de la personalidad de quienes los pronuncian. Baste decir, por último, que, con una capacidad de síntesis muy moderna, Baricco escribió una novela decimonómica a la que no tuvo más remedio que llamar historia, porque dice menos de lo que en verdad podría decir, porque es muy posible que lo que pretendiera es que un lector avezado, de los que han leído a Dickens, a Tolstoi, a Balzac, a Pérez Galdós..., pudiera hacerse él mismo su propia novela mental con los ingredientes más básicos; pero no por ello menos emocionantes, o menos sugerentes que si los hubiera contado por extenso. Muy recomendable lectura. Un nuevo descubrimiento de un autor que conocía de oídas. Su historia de amor, la del libro, inolvidable.